Focaccia de calabacín sin gluten alta en proteína
Hace mucho tiempo, en las cocinas costeras de Liguria, los panaderos crearon la focaccia como un pan plano sencillo: aceite de oliva, harina y sal marina horneados sobre piedra caliente. Era comida humilde para pescadores y campesinos, pero su aroma hacía que todos se reunieran alrededor del horno.
Siempre me ha encantado cómo este pan clásico se sigue reinventando.
Cuando experimenté por primera vez con calabacín e ingredientes sin gluten ricos en proteína, se sintió como darle a esta vieja favorita italiana un giro fresco y moderno.
El calabacín aporta humedad natural y una suave dulzura, mientras que la base rica en proteína la hace sorprendentemente saciante.
¿Y cuando se hornea?
La cocina se llena del aroma cálido a aceite de oliva y hierbas, y la superficie se pone bellamente dorada: exactamente el tipo de pan que te dan ganas de romper un pedazo antes de que termine de enfriarse.
Ese es el encanto de esta focaccia de calabacín sin gluten alta en proteína: un clásico rústico, reimaginado para la mesa de hoy.
¿Tienes curiosidad por ver cómo se arma? Vamos a hornearla.
Valores nutricionales (aproximados):
Bandeja completa (aproximado): Proteína: ~122–128 g | Fibra: ~38–42 g
Por porción (1/10 de la bandeja): Proteína: ~12–13 g | Fibra: ~3,8–4,2 g
Instructions
16 stepsPrepara los ingredientes:
Reúne y pesa todos los ingredientes necesarios.
Para preparar el calabacín:
Ralla finamente el calabacín. Agrega una pizca de sal y déjalo 10 minutos para que suelte líquido.
Exprime ligeramente el exceso de líquido. No lo seques de más, conserva algo de humedad natural.
Corta tiras finas de calabacín con un pelador de verduras y reserva para la cobertura.
Para preparar la mezcla húmeda:
Mezcla la cáscara de psyllium y la linaza molida con unos 150 g del total de agua. Deja reposar de 3 a 5 minutos hasta que esté espesa y con textura de gel.
Agrega el yogur, los huevos y el aceite de oliva al gel de psyllium.
Revuelve bien hasta que todo quede suave y uniformemente combinado.
Para hacer la masa:
En un tazón grande, combina todos los ingredientes secos restantes: harina de avena, harina de arroz, harina de garbanzo, proteína en polvo, polvo para hornear, sal y levadura seca.
Agrega el calabacín rallado, la mezcla húmeda preparada y el resto del agua (unos 80 g) a los ingredientes secos.
Mezcla a fondo hasta formar una masa espesa, pegajosa y extendible.
Deja reposar 10 minutos para que las fibras se hidraten por completo.
Forma y fermenta:
Pásala a una bandeja aceitada y extiéndela de manera uniforme.
Cubre y fermenta 60 minutos a temperatura ambiente, o refrigera toda la noche para una fermentación más lenta.
Decora y hornea:
Rocía con aceite de oliva y decora con tiras de calabacín, romero, alcaparras y semillas de calabaza.
Hornea a 180 °C/360 °F de 45 a 60 minutos, hasta que esté dorada y firme en el centro.
Enfría y sirve:
Deja que la focaccia se enfríe al menos 1 hora antes de rebanar. Así la textura se asienta bien y se rebana más fácil.